dilluns, 12 d’agost del 2019

EN VERANO VIAJAMOS. GRECIA


Grecia (en griego moderno: Ελλάδα, Elláda (pronunciado [eˈlaða]( escuchar) ; en griego antiguo: Ἑλλάς, Hellás), oficialmente República Helénica (griego: Ελληνική Δημοκρατία, romanización: Ellinikí Dimokratía), es un país soberano, miembro de la Unión Europea. En el país viven alrededor de once millones de habitantes que conforman una sociedad muy homogénea, donde mayormente se habla el idioma griego y se practica el cristianismo ortodoxo.
Atenas, la capital, es la ciudad más poblada del país. Otras ciudades como Salónica, El Pireo, Patras, Heraclión y Lárisa, son centros políticos, económicos y culturales a nivel regional.​
Grecia está estratégicamente ubicada entre Europa, Asia y África, y comparte fronteras terrestres al noroeste con Albania, al norte con Macedonia del Norte y Bulgaria, y al noreste con Turquía.​ Al este se encuentra el mar Egeo, al oeste el Mar Jónico y en el sur, el Mediterráneo; estos tres mares bañan sus 13 676 km de costas, el 11.º litoral más largo del mundo.​ El territorio griego está conformado por siete archipiélagos con unas 1400 islas, de las que 227 están habitadas. Cerca de un 80 % de su relieve consta de montañas, de las cuales la más alta es el monte Olimpo, con 2917 msnm.
La Grecia moderna tiene su origen en la civilización de la antigua Grecia, cuna de la civilización occidental. Para Occidente es el lugar de nacimiento de la democracia, la filosofía occidental, los Juegos Olímpicos, la literatura y el estudio de la historia, la política y los más importantes principios de las matemáticas y la ciencia. ​ El Estado griego moderno, que comprende la mayor parte del núcleo histórico de la civilización griega, se estableció en 1830, luego de una guerra de independencia del Imperio otomano. El legado de su larga historia se refleja en el arte, la arquitectura, gastronomía, literatura y otros aspectos culturales.
En la actualidad Grecia es un Estado democrático, desarrollado, con una economía de altos ingresos y un Índice de Desarrollo Humano muy alto.​ Grecia es además miembro de la Unión Europea desde 1981 y utiliza el euro desde 2001, forma parte de la OTAN desde 1952 y de la Agencia Espacial Europea desde 2005.​ Es también socio fundador de las Naciones Unidas, la OCDE y la Organización de Cooperación del Mar Negro.​ Sin embargo, Grecia es el país que más ha visto afectada su economía durante la Crisis económica de 2008-2015, cuando rebajó su PIB en un 25% durante 5 años; también han aumentado mucho las desigualdades sociales, el Coeficiente de Gini y la pobreza.​ No obstante, el Eurogrupo pronostica un aumento del PIB griego en los siguientes años.​ 








Etimología

 

Los nombres utilizados para referirse a la nación de Grecia y al pueblo griego varían dependiendo del idioma, la ubicación y la cultura. Aunque los griegos llaman al país Hellás o Ellada (en griego, Ελλάς o Ελλάδα) y su nombre oficial es República Helénica, en español se le conoce como Grecia, que proviene del término en latín Graecia. Este fue utilizado por los romanos, literalmente significa «la tierra de los griegos» y se deriva del nombre griego Graikós (Γραικός), cuya etimología aún se desconoce. En español se emplea ocasionalmente el término Hélade para referirse tanto a la Grecia actual como a la antigua. Aristóteles fue el primero en utilizar el nombre graeci (γραικοί, es decir, «griegos») en su obra Meteorología, donde afirma que el área cerca de Dodona y Aqueloo estaba habitada por los selli y por un pueblo anteriormente llamado graeci, pero que en su tiempo se llamaban helenos.

 

 

Historia

Primeros asentamientos y Antigua Grecia

Fresco minoico en Acrotiri de Santorini.
 
 
La Puerta de los Leones, Micenas.
 
 
La evidencia de presencia humana más antigua hallada en los Balcanes se encuentra en la caverna de Petralona, en la península Calcídica, donde se halló un cráneo conocido como hombre de Petralona, cuya datación es discutida.​ Dentro del territorio griego existen vestigios de asentamientos de las tres etapas de la Edad de Piedra —paleolítico, mesolítico y neolítico—; algunos sitios, como la cueva Franchthi estuvieron ocupados durante estos tres periodos.​ Dado que el país se ubica en la ruta por la cual la agricultura se expandió desde el Cercano Oriente hacia Europa, los asentamientos neolíticos en Grecia son los más antiguos en el continente, pues datan del séptimo milenio a. C.
En el actual territorio griego surgieron las primeras civilizaciones de Europa, por lo que se considera el lugar de nacimiento de la civilización occidental. Las primeras en aparecer fueron la civilización cicládica en las islas del mar Egeo (alrededor del 3200 a. C.);​ la civilización minoica en Creta (2700-1500 a. C.)​ y la civilización micénica en el continente (1900-1100 a. C.). ​ Estas sociedades poseían un sistema de escritura: los minoicos utilizaron un sistema de escritura aún sin descifrar conocido como Lineal A, mientras que los micénicos desarrollaron el Lineal B, una forma primitiva del griego. Los micénicos gradualmente absorbieron a los minoicos, pero su cultura colapsó violentamente alrededor del 1200 a. C., durante un periodo de inestabilidad regional conocido como el colapso de la Edad de Bronce.​ Esto condujo a una era conocida como la Edad Oscura, de la que no se conservan registros escritos.


Territorios ocupados por los griegos y algunas de sus principales colonias durante el periodo arcaico (750-550 a. C.)
 
 
Tradicionalmente se fija el final de la Edad Oscura, e inicio de la Época Arcaica, en el 776 a. C., año durante el cual se celebraron los primeros Juegos Olímpicos.​ Se piensa que entre los siglos VII y VIII a. C. Homero escribió la Ilíada y la Odisea, los textos fundacionales de la literatura occidental. Con el final de la Edad Oscura surgieron varios reinos y ciudades-estado, los cuales se extendieron hasta las costas del mar Negro, el sur de Italia (Magna Graecia) y Asia menor. Estos estados y sus colonias alcanzaron un gran nivel de prosperidad que dio paso a un florecimiento cultural sin precedentes —periodo conocido como la Grecia clásica— más evidente en la arquitectura, el teatro, la ciencia, las matemáticas y la filosofía. En el 508 a. C., Clístenes introdujo el primer sistema democrático del mundo en Atenas.
Para el 500 a. C. el Imperio persa controlaba el territorio entre el actual Irán hasta las zonas que hoy forman parte del norte de Grecia, Macedonia del Norte, el sur de Ucrania, Bulgaria y Rumania, por lo que se convirtió en una amenaza para los griegos.​ Las ciudades-estado helénicas ubicadas en Asia Menor fracasaron en sus intentos por expulsar a los persas; en 492 a. C. el ejército persa invadió los estados de la Grecia continental, pero se vio forzado a retirarse luego de su derrota en la batalla de Maratón en 490 a. C. Diez años más tarde lanzaron una segunda ofensiva. Pese a la heroica resistencia de los espartanos y otros griegos en la batalla de las Termópilas, las fuerzas persas lograron llegar a Atenas.
Luego de una serie de victorias griegas entre el 480 y 479 a. C. en las batallas de Salamina, Platea y Mícala, los persas se vieron forzados a retirarse por segunda ocasión.​ Estos conflictos militares, conocidos como las Guerras Médicas, fueron liderados en gran parte por Atenas y Esparta. El hecho de que Grecia no fuese un país unificado dio lugar a varios conflictos entre los estados helénicos.​ 


El Partenón en la Acrópolis de Atenas es uno de los símbolos más conocidos de la Grecia clásica.
 
 
Dentro de estos, el enfrentamiento más importante fue la Guerra del Peloponeso (431-404 a. C.), donde la victoria de Esparta marcó el final de la supremacía del Imperio ateniense sobre la Antigua Grecia. Posteriormente, la batalla de Leuctra (371 a. C.) le brindó el poder hegemónico a Tebas, pero poco después le fue arrebatado por Macedonia. Este reino logró unificar al mundo griego en la liga de Corinto —también conocida como la «liga helénica»—, bajo el mando del Filipo II, líder del primer estado griego unificado en la historia.
Luego del asesinato de Filipo II, su hijo Alejandro Magno asumió el liderazgo de la liga de Corinto, y en 334 a. C. lanzó una invasión al Imperio persa con las fuerzas combinadas de los estados griegos. Cuatro años después y tras salir victoriosos en las batallas de Gránico, Issos y Gaugamela, los griegos marcharon hacia Susa y tomaron Persépolis, la capital ceremonial de Persia.​ El imperio creado por Alejandro Magno se extendió desde Grecia en el oeste hasta el actual Pakistán en el este y Egipto en el sur.
La repentina muerte de Alejandro Magno, acaecida en el 323 a. C., condujo al colapso del Imperio, que se dividió en varios reinos: el Imperio seléucida, el Egipto Ptolemaico, el Reino grecobactriano y el Reino indogriego. Muchos griegos emigraron a Alejandría, Antioquía, Seleucia y a muchas otras ciudades helenísticas en Asia y África. Aunque no se pudo mantener la unidad política del Imperio de Alejandro Magno, este trajo consigo el dominio de la civilización helenística y el idioma griego a todos los territorios conquistados por al menos dos siglos, y en el caso de algunas regiones del este del Mediterráneo, por un periodo mayor.


Periodos helenístico y romano




Se cree que el Mecanismo de Anticitera (100 a. C.) es la primera computadora mecánica analógica.
 
 
La rotonda de Galerio, construcción romana en Salónica.
 
 
Alejandro Magno, un ícono de la estrategia militar. Se lanzó contra el opresor de Grecia, el imperio persa, que culminó con la caída del vasto imperio aqueménida en menos de 5 años, donde tras sucesivas victorias los helenos le arrebataron el control de Tracia, Anatolia (Asia menor), Egipto, Asia sur occidental y central, cayendo la misma Babilonia. Los territorios del nuevo imperio heleno se extendieron desde los balcanes, Grecia a Egipto, hasta la actual Afganistán e India. Murió a la temprana edad de 32 años, en 323 a. C.
 
 
Alejandro Magno (busto siglo II a. C., Alexandría). Continuó el plan de su padre Filipo II en afirmar el dominio sobre Grecia, extendió los territorios hasta el sureste de Europa, y puso en marcha en plan panhelénico para arrebatarle el imperio a Persia: las ciudades griegas de Asia menor hasta Egipto, y finalmente conquistó el imperio persa, hasta llegar a Afganistán y límites de la India. Falleció a los 32 años
En Grecia, la muerte de Alejandro Magno fue seguida por un periodo de confusión. En el 276 a. C. la dinastía Antigónida, descendientes de uno de los generales de Alejandro, tomó el poder en Macedonia y en la mayor parte de las ciudades-estado griegas.​ Desde el siglo II a. C. la participación de la república romana en los asuntos internos de los helenos desembocó en las guerras macedónicas. La derrota de Macedonia en la batalla de Pidna (168 a. C.) puso fin al poder Antigónido en Grecia. ​ En 146 a. C. Roma se anexionó Macedonia como una provincia, y el resto de su territorio se convirtió en un protectorado romano.
El proceso terminó en el 27 a. C. cuando el emperador romano César Augusto se hizo con el resto de Grecia para convertirla en la provincia senatorial de Acaya. ​ Pese a su supremacía militar, los romanos admiraron y estuvieron fuertemente influidos por los logros de la cultura griega, de ahí la famosa frase de Horacio: Graecia capta ferum victorem cepit («la Grecia conquistada, conquistó al bárbaro conquistador»). Generalmente se considera que las matemáticas, la ciencia y tecnología griegas alcanzaron su apogeo durante el periodo helenístico.
Las comunidades greco-parlantes del Oriente helenizado tuvieron un papel clave en la expansión del cristianismo durante los siglos II y III,​ pues varios de los primeros líderes y autores de la cristiandad, como Pablo de Tarso, hablaban griego. Sin embargo, la población griega como tal tuvo una tendencia a apegarse al paganismo y el país no fue uno de los pilares principales del cristianismo primitivo: de hecho, algunas de las prácticas de la religión griega antigua continuaron vigentes hasta finales del siglo IV, y algunas áreas del sureste del Peloponeso no se convirtieron al cristianismo hasta el siglo X.

 

 

Periodo medieval

El Imperio bizantino en su máxima extensión bajo el mando de Justiniano I, en 555 d. C.
 
 
Tras la división y caída del Imperio romano, Grecia pasó a formar parte del Imperio bizantino, el Imperio romano de Oriente, que perduró desde el siglo V hasta 1453. Su capital se ubicó en Constantinopla, su idioma y literatura se basaron en la lengua griega y la religión predominante fue el cristianismo ortodoxo.​
Desde el siglo IV, los territorios balcánicos del imperio, incluida Grecia, sufrieron del constante embate de las invasiones bárbaras. Los asaltos y la devastación de los godos y hunos durante los siglos IV y V, y la invasión eslava del siglo VII, provocaron un colapso dramático de la autoridad imperial en la península. ​ Luego de la invasión eslava, el gobierno imperial mantuvo el control únicamente en las islas y algunas zonas costeras, particularmente las ciudades como Atenas, Corinto y Salónica, mientras que algunas de las zonas montañosas del interior mostraron cierta resistencia a la ocupación y siguieron reconociendo la autoridad imperial. ​ Se cree que existió cierto número de asentamientos eslavos fuera de estas regiones, aunque a una escala mucho menor de lo que se pensaba anteriormente.


Entrada al Palacio del Gran Maestro de los Caballeros de Rodas, levantado durante las Cruzadas en la isla.
 
 
A finales del siglo VIII, el Imperio bizantino comenzó a recuperar gradualmente sus territorios perdidos, y para el siglo IX la mayor parte de la Grecia actual se encontraba nuevamente bajo el control bizantino. Las grandes migraciones de griegos desde Sicilia y Asia Menor hacia la península Balcánica facilitaron este proceso, al mismo tiempo que muchos de los eslavos fueron capturados y re-ubicados en Asia Menor y aquellos que permanecieron en Grecia fueron asimilados. Durante los siglos XI y XII el regreso de la paz y estabilidad al territorio griego fueron las bases para un fuerte crecimiento económico, mucho más grande que el de la región de Anatolia.


Palacio de Mistras, vestigio del Despotado de Morea.
 
 
Luego de la Cuarta Cruzada y la caída de Constantinopla ante los latinos en 1204, la mayor parte del territorio griego pasó a manos de los francos —un periodo conocido como «Francocracia»—, y algunas islas fueron tomadas por Venecia. ​ En 1261 el restablecimiento del Imperio bizantino en Constantinopla hizo posible la recuperación de casi todas estas regiones. Sin embargo, el principado franco de Acaya en el Peloponeso siguió siendo una potencia regional importante hasta el siglo XIV, mientras que varios archipiélagos permanecieron bajo el control de Génova y Venecia.
En el siglo XIV el Imperio bizantino perdió varias zonas de la actual Grecia ante los ataques de los serbios y los otomanos. A principios del siglo XV, el avance otomano significó que el control bizantino sobre Grecia se redujo al Despotado de Morea en el Peloponeso. Luego de la caída de Constantinopla ante los otomanos en 1453, Morea fue el último remanente del Imperio bizantino que se opuso a la invasión turca, pues se mantuvo en pie hasta 1460.​ Con la conquista otomana, muchos académicos greco-bizantinos —responsables de preservar gran parte del conocimiento de la Grecia Clásica— emigraron a Occidente llevando consigo un gran número de obras literarias, y contribuyeron con ellas al desarrollo del Renacimiento.

 

 

Periodo otomano




El castillo bizantino de Angelokastro resistió el ataque otomano durante los asedios de Corfú en 1537, 1571 y 1716.
 
La Torre Blanca de Tesalónica, una de las estructuras otomanas más conocidas de Grecia.
 
 
Hacia finales del siglo XV, la mayor parte de Grecia y las islas del mar Egeo estaban bajo control otomano, mientras que Chipre y Creta permanecieron bajo el dominio veneciano y no formaron parte del Imperio otomano hasta 1571 y 1670, respectivamente. La única parte del mundo grecoparlante que no fue conquistada por los turcos fueron las Islas Jónicas, que se mantuvieron bajo el control de Venecia hasta su conquista por la Primera República Francesa en 1797 y luego pasaron al Reino Unido en 1809 hasta su unificación con Grecia en 1864.
Los griegos de las Islas Jónicas y Constantinopla vivieron en prosperidad, incluso los que habitaban dicha ciudad alcanzaron puestos importantes dentro de la administración otomana. ​ Por el contrario, la mayor parte del pueblo griego sufrió las consecuencias económicas de la conquista turca. Los turcos fijaron impuestos elevados, y en años posteriores promulgaron una política para la creación de títulos hereditarios, prácticamente convirtiendo a los habitantes rurales en siervos.
El gobierno otomano consideró a la Iglesia ortodoxa de Grecia y al Patriarcado Ecuménico de Constantinopla como las principales autoridades de toda la población cristiana ortodoxa del Imperio, sin importar su origen étnico. Aunque el Estado otomano no obligó a la población a convertirse al Islam, los cristianos enfrentaron varias formas de discriminación, encaminadas a señalar su estatus inferior dentro del Imperio. Esta discriminación hacia los cristianos, sumada al maltrato de las autoridades otomanas locales, fueron la causa de muchas conversiones al Islam, al menos superficialmente. En el siglo XIX, muchos «cripto-cristianos» regresaron a sus antiguas prácticas religiosas.
La naturaleza de la administración otomana en Grecia variaba de un lugar a otro, pero siempre se caracterizó por su negligencia y arbitrariedad.​ Algunas ciudades tenían gobernadores nombrados por el sultán, mientras que otras, como Atenas, eran municipalidades autogobernadas. Las regiones montañosas en el interior permanecieron prácticamente autónomas del gobierno central otomano durante varios siglos.
Cuando los conflictos militares estallaban entre el Imperio otomano y otros países, los griegos usualmente se levantaban en contra de los turcos, con algunas excepciones. Antes de la independencia, los griegos lucharon contra los otomanos en varios enfrentamientos. Cabe destacar la participación griega en la batalla de Lepanto en 1571, las revueltas de campesinos en Epiro de 1600–1601, la Guerra de Morea de 1684–1699 y la rebelión de Orlov en 1770, esta última instigada por el Imperio ruso.​ Estos levantamientos fueron reprimidos con gran dureza por el ejército otomano.​
Los siglos XVI y XVII son considerados por algunos autores como una especie de «edad oscura» en la historia griega, pues la esperanza de expulsar a los otomanos parecía remota. Incluso el ejército turco intentó ocupar las islas Jónicas en varias ocasiones; Corfú resistió tres grandes asedios en 1537, 1571 y 1716.​ Durante el siglo XVIII, en esta isla, surgió una clase mercantil griega rica y dispersa. Estos comerciantes dominaron el comercio dentro del Imperio otomano, y establecieron comunidades a lo largo del Mediterráneo, los Balcanes y Europa Occidental.​ Aunque el dominio turco había dejado a Grecia fuera de los grandes movimientos intelectuales europeos como la Reforma protestante y la Ilustración, estas ideas, junto a los ideales de la Revolución francesa y el nacionalismo romántico, comenzaron a penetrar en el mundo griego gracias a esta diáspora mercantil. A finales del siglo XVIII, Rigas Feraios, el primer revolucionario en buscar la creación de un estado griego independiente, publicó en Viena una serie de documentos relativos a la independencia de Grecia, incluidos un himno nacional y el primer mapa detallado del país; fue asesinado en 1798 por agentes del Imperio otomano.

 

 

Guerra de independencia

 


La salida de Mesolongi, durante la Guerra de independencia de Grecia (1821–1830), de Theodoros Vryzakis.
 
 
En 1814, se fundó una organización secreta llamada Filikí Etería —en griego: Sociedad de Amigos—, cuya finalidad era la independencia de Grecia. Filikí Etería planeaba lanzar una revolución en el Peloponeso, los principados del Danubio y Constantinopla. La primera de estas revueltas comenzó el 6 de marzo de 1821 en los principados del Danubio bajo el liderazgo de Alexandros Ypsilantis, pero los otomanos rápidamente la sofocaron. Los eventos en el norte alentaron a los griegos del Peloponeso a levantarse en armas y el 17 de marzo de 1821 declararon la guerra a los otomanos.
Para finales del mes, el Peloponeso se hallaba envuelto en una rebelión contra los otomanos y para octubre de 1821, los griegos, al mando de Theodoros Kolokotronis, tomaron Tripolitsa. La rebelión del Peloponeso inmediatamente fue seguida por otros movimientos en Creta, Macedonia y Grecia Central pero todos ellos fueron rápidamente sofocados. Mientras tanto, una Armada griega improvisada derrotó a la Armada otomana en el mar Egeo, con esto evitó que llegaran por mar refuerzos turcos. En 1822 y 1824 los turcos y los egipcios invadieron las islas, incluyendo Quíos y Psará, donde cometieron una masacre entre la población civil.​ Por esta causa, la opinión pública de Europa occidental se puso en favor de los rebeldes griegos.
Sin embargo, comenzaron a surgir problemas entre las distintas facciones griegas, lo que llevó a dos guerras civiles consecutivas. Por su parte, el sultán negoció con el gobernador egipcio Mehmet Alí, quien accedió a enviar a su hijo Ibrahim bajá a Grecia con un ejército para sofocar la rebelión a cambio de ciertos territorios. ​ Ibrahim llegó al Peloponeso en febrero de 1825 y obtuvo una victoria inmediata: para finales de ese año, la mayor parte de la región se hallaba bajo control egipcio, y la ciudad de Mesolongi —sitiada por los turcos desde abril de 1825— cayó un año después. Aunque Ibrahim fue derrotado en Mani, consiguió expulsar a los rebeldes de gran parte del Peloponeso y retomó el control sobre Atenas.
Luego de años de negociaciones, tres de las Grandes Potencias —Rusia, el Reino Unido y Francia— decidieron intervenir en el conflicto, y cada nación envió una flota a Grecia. Tras conocer que una flota otomano-egipcia se dirigía a la isla de Hidra, la flota aliada los interceptó en Pilos. Después de una semana de tensión, comenzó la batalla que acabó con la destrucción de la flota otomano-egipcia. ​ Una fuerza expedicionaria francesa supervisó la evacuación del ejército egipcio del Peloponeso, mientras que los griegos prosiguieron con la toma de Grecia Central en 1828. Tras dos años de negociaciones, la Primera República Helénica recibió el reconocimiento internacional en el Protocolo de Londres.

 

 

Siglo XIX

 

La entrada del rey Otón en Atenas, Peter von Hess, 1839.
 
 
Nauplia fue la capital de Grecia entre los años 1830 y 1833.
 
 
En 1827 Ioannis Kapodistrias fue elegido como primer gobernador de la nueva República. Sin embargo, luego de su asesinato en 1831, las Grandes Potencias instalaron una monarquía encabezada por Otón I, de la Casa de Wittelsbach. En 1843, un levantamiento obligó al rey a promulgar una constitución y establecer una asamblea representativa.​
Debido a su actitud autoritaria, fue destronado en 1862 y, un año más tarde, reemplazado por el príncipe Guillermo de Dinamarca, quien tomó el nombre de Jorge I y trajo consigo las Islas Jónicas, regalo de coronación por parte del Reino Unido. En 1875 Charilaos Trikoupis, a quien se le atribuye una mejora importante en la infraestructura del país, limitó el poder de la monarquía a interferir en la asamblea y promulgar la norma del voto de confianza para el Primer Ministro. ​ La corrupción y los incrementos en los gastos de Trikoupis para construir obras de infraestructura necesarias para el país —como el Canal de Corinto—, debilitaron la frágil economía griega. En 1893 el gobierno se declaró en bancarrota y aceptó las demandas de una autoridad Internacional de Control Financiero para pagar a sus deudores.



Evolución territorial del Reino de Grecia hasta 1947.
 
 
Otro problema político del siglo XIX, único de Grecia, fue la cuestión lingüística. La población general hablaba una forma de griego llamada demótico. Muchos intelectuales de la élite lo veían como un dialecto campesino y estaban determinados a restaurar la gloria del griego antiguo.​ Los documentos del gobierno y diarios eran publicados en griego katharévousa («purificado»), una variante que poca gente podía leer. Los liberales promovieron el reconocimiento del demótico como el idioma nacional, pero los conservadores y la Iglesia ortodoxa estaban en contra de dicha declaración. La situación llegó al punto en el que, cuando el Nuevo Testamento se tradujo al demótico en 1901, estallaron una serie de manifestaciones en Atenas que terminaron derrocando al gobierno, hecho conocido como Evangeliaka.​ El problema del idioma perduró en el ambiente político hasta la década de 1970.
No obstante, todos los griegos estaban unidos en su determinación por liberar las provincias grecohablantes del Imperio otomano. En Creta, una prolongada revuelta entre 1866-1869 exacerbó los ánimos nacionalistas. Cuando estalló la Guerra ruso-turca de 1877-1878, el pueblo griego se mostró a favor de apoyar a los rusos; pero debido a la precaria situación económica y a la posibilidad de una intervención británica, Grecia nunca entró en la guerra. Cuando los rusos derrotaron a los turcos en 1881, el Tratado de Berlín obligó al Imperio a ceder Tesalia y algunas partes de Epiro a Grecia, pero no así la isla de Creta.
Por su parte, los cretenses continuaron orquestando una serie de rebeliones, y en 1897 el gobierno griego de Theodoros Deligiannis, cediendo a la presión del pueblo, declaró la guerra a los otomanos.​ Así, en la Guerra greco-turca de 1897 los otomanos derrotaron al mal entrenado y equipado ejército griego. Gracias a la intervención de las Grandes Potencias, Grecia sólo perdió una pequeña parte de su territorio en la frontera con Turquía, mientras que en Creta se estableció un estado autónomo presidido por el príncipe Jorge de Grecia.

 

 

Siglo XX y XXI

 

 

Asia Menor en el 1910 (y hasta el año 1922): distribución de griegos anatolios en 1910: los griegos hablantes de griego moderno o, demótico en color amarillo; en naranja los griegos hablantes de griego póntico y griego capadocio y en verde las poblaciones grecoparlantes aisladas, los cuadrados violetas indican a las que hasta 1922 fueron ciudades con importante población griega como por ejemplo Constantinopla (desde 1922 llamada por el estado turco con el nombre popular de origen griego ‘εἰς τὰν πόλι’ (is tan póli, «en la ciudad»: Estambul), Esmirna y Trebisonda (Trapezunte), Nicodemia, Nicea, Sinope etc.


































El impacto del intercambio de población griega procedente de la Tracia Oriental y Anatolia especialmente de la Jonia (a cambio de los turcos y turquizados pomacos que se establecieron en Grecia tras la conquista otomana) en la demografía de Grecia tras el Tratado de Lausana en el año 1922.
 







Al final de la Guerra de los Balcanes, la superficie y población de Grecia habían aumentado. En los años siguientes, la lucha entre el rey Constantino I y el primer ministro Eleftherios Venizelos por el control de la política exterior, dominó el escenario político y dividió al país.​ Durante la Primera Guerra Mundial, Grecia llegó a tener dos gobiernos: uno proalemán a favor del rey, ubicado en Atenas; el otro probritánico a favor de Venizelos, con sede en Salónica.​ Los dos gobiernos se unieron en 1917, cuando Grecia ingresó oficialmente a la guerra del lado de la Triple Entente.
Poco después de terminada la Primera Guerra Mundial y con la partición del Imperio otomano, Grecia intentó extender sus territorios hacia Asia Menor, que en ese tiempo era una región con una gran población de origen griego, pero salió derrotada en la Guerra greco-turca de 1919-1922. Como consecuencia del conflicto y la firma del Tratado de Lausana, ambos países sufrieron un gran intercambio poblacional: los griegos que vivían en territorio turco emigraron a Grecia, y viceversa.​ Además, miles de griegos pónticos murieron durante la guerra, en un episodio a menudo referido como genocidio de los griegos pónticos, casi medio millón de griegos pónticos fueron asesinados por lo turcos. ​ Los años siguientes estuvieron caracterizados por la inestabilidad, sumada a la enorme tarea de integrar a más de 1,5 millones de griegos refugiados provenientes de los territorios que se mantuvieron en poder de Turquía dentro de la sociedad de la República Griega. La población reconocida como griega de Estambul (en griego llamada milenariamente Bizancio o Constantinopla), pasó de 300 000 habitantes en 1900 a cerca de 3000 en 2001.


Soldados de la Alemania nazi izando la bandera del Tercer Reich en la Acrópolis de Atenas en mayo de 1941.
 
 
Tras los eventos catastróficos en Asia Menor, en 1924 se celebró un referéndum para abolir la monarquía y proclamar la Segunda República Helénica. El primer ministro Georgios Kondilis tomó el poder en 1935 y prácticamente abolió la república al traer de vuelta la monarquía con otro referéndum.​ Al año siguiente Ioannis Metaxas dio un golpe de Estado e implantó una gobierno autoritario conocido como el Régimen del 4 de agosto. A pesar de ser una dictadura, Grecia permaneció en buenos términos con el Reino Unido y se mantuvo alejada de los países del Eje.​
El 28 de octubre de 1940 Italia exigió la rendición de Grecia, pero el gobierno griego se negó y le declaró la guerra.​ En la Guerra greco-italiana, Grecia repelió las fuerzas italianas hacia Albania, la primera victoria de los Aliados en una batalla terrestre.​ Sin embargo, poco después el país cayó derrotado ante las fuerzas alemanas durante la batalla de Grecia. Aunque la ocupación alemana tuvo que lidiar con la resistencia griega, más de 100 000 civiles murieron de inanición durante el invierno de 1941-1942, y la gran mayoría de los judíos griegos fue deportada y asesinada en los campos de concentración nazis.
Luego de su liberación, Grecia entró en una guerra civil entre las fuerzas comunistas y anticomunistas, lo que trajo consigo un debilitamiento económico y tensiones políticas entre los partidos de derecha y de izquierda. Tras la victoria de los anticomunistas, las siguientes dos décadas se caracterizaron por una gran marginalización de los izquierdistas en las esferas políticas y sociales, pero también por un rápido crecimiento económico impulsado en parte por el Plan Marshall.
En julio de 1965, la dimisión ante el rey Constantino II del gobierno centrista de Yorgos Papandréu creó una agitación política que culminó en un golpe de estado el 21 de abril de 1967 por un grupo de coroneles que estableció una dictadura. El 17 de noviembre de 1973, la brutal supresión de la revuelta de la Politécnica de Atenas debilitó el régimen, por lo que un consejo nombró al brigadier Dimitrios Ioannidis como dictador.​ El 20 de julio de 1974, mientras Turquía invadió Chipre, el régimen colapsó.
El antiguo primer ministro Constantinos Karamanlís fue invitado a regresar de su exilio en París y dar comienzo a la era Metapolítefsi. En el primer aniversario de la revuelta de la Politécnica de Atenas se celebraron las primeras elecciones multipartidistas desde 1964. El 11 de junio se promulgó una constitución democrática.​ Andreas Papandréu fundó el Movimiento Panhelénico Socialista (PASOK) en respuesta al partido conservador de Karamanlis Nueva Democracia. Desde entonces, ambos partidos se alternaron en el gobierno hasta el año 2015.


Protestas en Atenas por los recortes hechos durante la crisis de la deuda soberana en Grecia.
 
 
Grecia se convirtió en el décimo miembro de la Comunidad Económica Europea —antecesora de la Unión Europea— el 1 de enero de 1981, impulsada por un periodo de crecimiento constante. ​ Las múltiples inversiones en empresas industriales e infraestructura, así como los fondos de la Unión Europea y los ingresos crecientes del turismo, el transporte y el sector servicios, elevaron los niveles de vida del país a una altura sin precedentes. Aunque tradicionalmente las relaciones con Turquía habían sido bastante tensas, estas mejoraron luego de que dos terremotos azotaran a ambos países en 1999. Grecia adoptó el euro como moneda en 2001 y albergó los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.
La economía griega se vio muy afectada por la Gran Recesión de finales de la década de los años 2000 y fue el protagonista principal en la crisis del euro en 2010. La situación se agravó al descubrir que el gobierno derechista de Nueva Democracia presidido por Kostas Karamanlís ocultó durante años, con la ayuda del banco de inversión Goldman Sachs, algunos datos macroeconómicos, entre ellos el verdadero monto de su deuda externa y el déficit público. El enorme déficit real provocó importantes recortes en el sector público. Esto, unido a la grave crisis económica que durante más de un lustro redujo el PIB del país en más de un cuarto del de 2008,​ situó el paro en un pico del 27 %, ​ la población en la pobreza o en riesgo de padecerla superó el 35 % y tres millones de personas se quedaron sin asistencia sanitaria, entre otros indicadores. Como respuesta, se produjeron manifestaciones y disturbios en las principales ciudades griegas y más de una treintena de huelgas generales entre 2009 y 2014. (véase Crisis de la deuda soberana en Grecia).​ En enero de 2015, en el marco de la crisis sin precedentes en el país, el partido SYRIZA ganó las elecciones parlamentarias, siendo la primera vez en la historia de Grecia que un partido a la izquierda de la socialdemocracia alcanzaba el gobierno democráticamente.










Cultura

Tradicional taberna griega, parte integral de la cultura y gastronomía griega.
 
 
La cultura de Grecia ha evolucionado a través de miles de años, iniciando con la Grecia micénica y pasando más notablemente por la Grecia clásica, a través de la influencia del Imperio romano y su continuación oriental, el Imperio Bizantino. Otras culturas y naciones, como los Estados latinos y francos, el Imperio otomano, la República de Venecia, la República de Génova y el Imperio británico también han dejado su influencia en la cultura griega moderna.
En tiempos antiguos, Grecia fue la cuna de la civilización occidental. ​ Las democracias modernas deben su existencia a las ideas griegas sobre el gobierno del pueblo, el juicio con un jurado y la igualdad ante la ley. Los antiguos griegos fueron pioneros en muchos campos que dependen del pensamiento sistemático, como la biología, geometría, historia, filosofía y física.​ Introdujeron muchas formas literarias como la poesía épica y lírica, la narrativa histórica, la tragedia y la comedia. En su búsqueda por el orden y la proporción, los griegos crearon un ideal de belleza que influyó fuertemente el arte occidental.


Teatro

 

 

El antiguo teatro de Epidauro sigue siendo utilizado para obras teatrales.
 
 
El teatro nació en Grecia. La ciudad-Estado de Atenas, que se convirtió en la potencia cultural, política y militar más importante durante esta época, fue su centro, y fue el lugar donde se institucionalizó como parte de un festival llamado dionisias, una fiesta en honor al dios Dionisio. Los tres géneros dramáticos que surgieron aquí fueron: la sátira, la tragedia (finales del siglo VI a. C.) y la comedia (486 a C.).
Durante el periodo bizantino, el teatro sufrió un declive importante. De acuerdo a Marios Ploritis, la única forma que sobrevivió fue el teatro folclórico —Mimos y Pantomimos— pese a la hostilidad del Estado oficial. Más tarde, durante el periodo otomano, el principal arte dramático folclórico fue el Karagöz. El renacimiento que dio origen al teatro griego moderno tuvo lugar en la Creta veneciana. Algunos de los dramaturgos más importantes incluyen Vitsentzos Kornaros y Georgios Chortatzis.


Nobile Teatro di San Giacomo de Corfú, el primer teatro y casa de la ópera en la Grecia moderna. El edificio alberga actualmente el ayuntamiento de la ciudad.
 
 
El teatro griego moderno comenzó a desarrollarse luego de la guerra de independencia, a principios del siglo XIX, e inicialmente estuvo influenciado por el teatro heptaneso y los melodramas, como la ópera italiana. El Nobile Teatro di San Giacomo de Corfú fue el primer teatro y casa de la ópera construido en la Grecia moderna, y también fue el lugar donde se estrenó la primera ópera griega, El candidato parlamentario de Spyridon Xyndas. Durante finales del siglo XIX y principios del siglo XX, el teatro ateniense estuvo dominado por revistas, comedias musicales, operetas y nocturnos, escritas por personajes como Spyridon Samaras, Dionysios Lavrangas, Theophrastos Sakellaridis, entre otros.
El Teatro nacional de Grecia se fundó en 1880. Algunos de los escritores y directores de teatro griegos más destacados incluyen a Grigorios Xenópulos, Nikos Kazantzakis, Pantelís Horn, Alekos Sakellarios y Iakovos Kambanelis; mientras que entre los actores más sobresalientes están Cybele Andrianú, Marika Kotopouli, Aimilios Veakis, Orestis Makrís, Katina Paxinou, Manos Katrakis y Dimitris Horn.​


Música y danza

Bailarines cretenses de música tradicional.
 
 
Los orígenes de la música griega se extienden hasta la Antigua Grecia, cuando los coros cantaban por razones espirituales, de celebración o por entretenimiento.​ Los instrumentos musicales de este periodo incluían el aulos, la lira y la cítara. La música jugaba un papel importante en el sistema educativo, pues los varones aprendían sobre música desde los seis años. Posteriormente, los romanos, musulmanes y bizantinos influyeron en el desarrollo de la música griega.
En el Imperio bizantino la música religiosa se caracterizó por ser una monodia vocal sin acompañamiento instrumental. Pese a estas limitaciones, el canto bizantino desarrolló una variedad rítmica y un gran poder expresivo.​ Por su parte, el pueblo griego creó varias canciones folclóricas que se pueden dividir en dos tipos: las acríticas y las kleftes. Las acríticas nacieron entre los siglos IX y X y expresan la vida y luchas de los akritai, los guardias de las fronteras bizantinas, la más conocida de ellas es la que narra la historia de Digenís Akritas. Las kleftes surgieron entre el final del Imperio bizantino y el inicio de la guerra de independencia. Las kleftes, junto con las canciones históricas o parálogos, las canciones de amor, las mantinadas, las canciones de boda y del exilio, hablan sobre la vida diaria del pueblo griego.


Rebetes en Karaiskaki, Pireo (1933). A la izquierda Markos Vamvakaris con un bouzouki, en medio Giorgos Batis con una guitarra.
 
 
Los cánticos de las Islas Jónicas se convirtieron en los antecesores de las canciones griegas modernas, pues influenciaron su desarrollo de manera considerable. ​ Durante la primera mitad del siglo XIX, varios compositores griegos tomaron elementos del estilo heptaneso. Las composiciones más famosas del periodo entre 1870 y 1930 son las llamadas «serenatas atenienses» y las canciones interpretadas en obras de teatro.​
El rebético, inicialmente un género relacionado con las clases sociales inferiores, ganó una gran aceptación general luego de que algunos de sus elementos fueron suavizados y adaptados para eliminar su esencia subcultural. De esta forma se convirtió en la base del laïkó («canción del pueblo»). Los principales representantes de este género incluyen a Apostolos Kaldaras, Grigoris Bithikotsis, Stelios Kazantzidis, George Dalaras, Haris Alexiou y Glykería.
En cuanto a la música clásica, fue por medio de las Islas Jónicas —que estuvieron bajo el dominio e influencia occidental— que la mayor parte de los avances en la música clásica de la Europa occidental llegaron a Grecia. El archipiélago es notable por el nacimiento de la primera escuela moderna de música clásica en Grecia, la Escuela Heptantesa (Επτανησιακή Σχολή), establecida en 1815.​ Algunos de los mejores ejemplos de este género incluyen a Nicolaos Mantzaros, Spyridon Xyndas, Spyridon Samaras y Pavlos Carrer. Manolis Kalomiris es considerado el fundador de la Escuela Nacional de Música de Grecia.​ Durante el siglo XX, los compositores griegos tuvieron un impacto importante en el desarrollo del avant-garde y la música clásica contemporánea, con figuras como Iannis Xenakis, Nikos Skalkottas y Dimitri Mitrópoulos, que alcanzaron relevancia internacional.

 

 

Arquitectura

El Erecteón de la Acrópolis de Atenas, un templo de orden jónico.
 
 
Los restos de la arquitectura de la Antigua Grecia aún perviven o están bien documentados. Los antiguos griegos desarrollaron tres estilos arquitectónicos primarios, llamados «órdenes clásicos»: el sobrio y sólido dórico, el refinado y decorativo jónico y el elegante y ornamentado corintio.​
La forma rectangular de los antiguos templos griegos, rodeados de columnatas que soportan un frontón triangular, construido de piedra caliza o mármol, es un modelo que aún se utiliza. Aunque el arco era familiar a los troyanos, su uso no estaba ampliamente extendido, en contraste con las posteriores edificaciones romanas. Las obras representativas que perviven de la arquitectura griega son el Partenón y el Erecteón de Atenas, y las estructuras romanas basadas en el modelo griego, como el Panteón de Roma, que se atribuye al arquitecto griego Apolodoro de Damasco.



Un ejemplo clásico de arquitectura bizantina en Salónica
 
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La arquitectura bizantina fue un modo de construcción común hasta la caída de Constantinopla en 1453 a manos de los turcos otomanos. Son característicos la cruz griega, el capitel de estilo bizantino o capitol —una mezcla de capiteles corintios y jónicos— y una cúpula central rodeada por varias cúpulas pequeñas. En los años siguientes a la guerra de independencia, Grecia experimentó también el resurgimiento neobizantino tras la revolución griega y también el auge de la arquitectura neoclásica; esto vino a ponerla en contacto e interacción con la tradicional villa bizantina para producir una forma específica en la Grecia contemporánea.​
Como otras capitales contemporáneas, Atenas tiene obras de arquitectura modernistas y postmodernistas. Resultado de un concurso internacional, el nuevo Museo de la Acrópolis, de Bernard Tschumi, es un ejemplo de la internacionalización del mercado arquitectónico mundial. Algunas de las últimas obras fueron para las Olimpíadas de Atenas de 2004, con la participación de arquitectos extranjeros como Santiago Calatrava.

 

 

Pintura y escultura

El fresco de las mujeres de azul en Cnosos es uno de los ejemplos más antiguos de la pintura mural en Grecia.
 
 
En contraste con otras formas ilustradas, las pinturas conservadas de la antigua Grecia son muy escasas. ​ Los pintores griegos trabajaban principalmente en paneles de madera, y las obras finales fueron admiradas durante cientos de años después de su creación. Sin embargo, estas pinturas desaparecieron después del siglo IV cuando no fueron suficientemente protegidas. Las principales muestras de la pintura griega que aún se preservan incluyen las copias romanas, por ejemplo las de Pompeya, las escasas muestras conservadas halladas en las tumbas de los reyes de Macedonia en Vergina, en Leúcade también en la antigua Macedonia y las de Kazanlak en la antigua Tracia.


Esta estatua de Hermes llevando al niño Dioniso, atribuida a Praxíteles, fue encontrada en Olimpia en 1877.
 
 
Las obras conservadas de la antigua escultura griega son más comunes, en particular las de los maestros escultores, como Fidias y Praxíteles. Estos artistas y sus seguidores fueron frecuentemente emulados por los romanos. Sin embargo, los cristianos del siglo IV y V vieron la destrucción de los ídolos paganos como un «acto de piedad». Muchas esculturas antiguas de mármol fueron quemadas con cal en la Edad Media, y estatuas de bronce fueron fundidas para obtener el metal. Las estatuas de mármol que escaparon a la destrucción fueron olvidadas, o en el caso de los bronces, perdidos en el mar.
En el periodo bizantino, el arte religioso era el tema dominante, con mosaicos e iconos muy trabajados adornando los edificios religiosos.​ El artista renacentista, El Greco (Domenikos Theotocopoulos), respondía al bizantino y en el siglo XVI el arte manierista, produciendo escultura y pinturas de forma libre, luz y color que inspiraría a artistas del siglo XX como Pablo Picasso y Jackson Pollock.
Durante los siglos XVIII y XIX, los artistas de las islas Jónicas jugaron un papel importante, y a menudo pionero, que explotaron las conquistas del Renacimiento italiano y de los talleres barrocos.​ Con persistentes esfuerzos hacia nuevas direcciones y objetivos, los artistas griegos afloraron al mundo durante las primeras décadas del siglo XIX conectando el arte griego con su antigua tradición, así como la búsqueda de talleres europeos, sobre todo los de la Escuela de Múnich, con ejemplos definitorios del arte contemporáneo griego del periodo que incluye la obra de Theodoros Vryzakis y Nikiphoros Lytras.
A comienzos del siglo XX, Dimitrios Galanis, contemporáneo y amigo de Picasso, consiguió un amplio reconocimiento en Francia y fue miembro vitalicio de la Academia Francesa, tras la alabanza del crítico André Malraux como un artista capaz «de provocar fuertes emociones como Giotto».Durante el siglo XX, los artistas griegos siguieron las tendencias occidentales. Uno de los primeros en obtener el reconocimiento internacional fue el poeta y pintor Nikos Engonopoulos, por sus trabajos surrealistas. En los años 1960, otros pintores griegos, como Dimitris Mytaras y Yiannis Psychopedis, se sumaron al movimiento europeo del realismo crítico. Por su parte, en la escultura modernista y postmodernista, cabe destacar la participación de artistas como Costas Axelos y Constantine Andreou.

 

 

Cine

El director de cine griego Theo Angelopoulos.
 
 
La primera sala de cine apareció por primera vez en Grecia en 1897. La primera producción data de 1914, cuando la compañía Asty Film fue fundada y comenzó a producir largometrajes. Golfo (Γκόλφω), una tradicional historia de amor, fue la primera película producida totalmente en el país, aunque hubo antes varias producciones menores como los noticiarios.
El cine griego ha tenido una historia agitada, desde momentos de relativo estancamiento hasta muy memorables producciones. Desde la década de 1920 hasta finales de los años 1940 hubo algunas producciones bastante notables, como Έρως και κύματα (Amor y olas), dirigida en 1927 por D. Gaziadis, y Χειροκροτήματα (Aplausos), dirigida en 1944 por G. Tzavelas; También se encuentra Por quién doblan las campanas de 1944, por la que Katina Paxinou fue premiada con el Óscar a la mejor actriz de reparto.
La edad de oro del cine griego fue la década de 1950, en la que se produjeron hasta sesenta películas al año. Notables actores y directores de este periodo fueron Michael Cacoyannis, Alekos Sakelarios, Nikos Tsiforos, Ellie Lambeti, Dinos Iliopoulos e Irene Papas. Cacoyannis, en particular, que dirigió películas como Stella (Στέλλα) en 1955 y Zorba el griego (Αλέξης Ζορμπάς) en 1964, llegó a ganar tres premios Óscar.
Desde esta época el cine griego ha estado relativamente parado, debido a la fuerte competencia extranjera y el aumento de la popularidad de la televisión.​ En los años 1980, Loafing and Camoflage (Λούφα και Παραλλαγή) logró un éxito moderado con el uso de la comedia egea. En años siguientes otros directores tocaron varios temas políticos, como The Suspended Step of the Stork (Μετέωρο βήμα του πελαργού, Το) dirigida por Theo Angelopoulos en 1991, que se relaciona con la inmigración desde Albania.
En los años 2000, cintas como Un toque de canela (Πολίτικη Κουζίνα) y la comedia sexual tabú Safe Sex señaló la tendencia al alza de la calidad del cine griego. Esto pudo estar relacionado, en gran parte, al periodo de prosperidad económica en Grecia, el cual ha conducido a un incremento de la producción cultural en todas las artes, tanto física como visual. ​ Este crecimiento frenó en la década de 2010, cuando a causa de la crisis financiera, solo se realizaron un promedio de veinte producciones por año.​

 

 

Literatura

Un evangelio bizantino del siglo XI que ilustra el estilo decorativo empleado por los amanuenses del medievo.
 
 
Adamantios Koraís (1748—1833), académico humanista fundador de la literatura moderna griega y figura capital de la Ilustración en Grecia.
 
 
Grecia tiene una destacable, rica y fuerte tradición literaria que abarca varias épocas a través de 2800 años. La época clásica es la que más comúnmente se relaciona con la literatura griega, que comienza en el 800 a. C. y mantiene su influencia durante el periodo bizantino, no obstante la influencia del cristianismo comenzó a engendrar un nuevo desarrollo de la palabra escrita. Muchos elementos de la antigua tradición milenaria están reflejados en la moderna literatura griega, incluyendo a las obras de los laureados con el Nobel, Odysseas Elytis y Giorgos Seferis.
Las primeras obras de la tradición literaria occidental son los poemas épicos de Homero y Hesíodo. La primera poesía lírica, la representativa por poetas como Safo y Píndaro, fue la responsable de la definición del género lírico como es entendido en la actualidad en la literatura occidental.​ Esopo escribió sus Fábulas en el siglo VI a. C. La literatura de este periodo tuvo una profunda influencia no solo en los poetas romanos, sino que se extendió a través de toda Europa.
En la Grecia clásica se establece el nacimiento del teatro tal y como lo entendemos. Esquilo introdujo las ideas de diálogo y dramatizó las relaciones de los personajes, al hacerlo inventó el drama: su trilogía Orestíada es considerada la cima de su carrera. Otros grandes dramaturgos fueron Sófocles y Eurípides. Aristófanes, un escritor de comedias, definió y desarrolló el concepto de comedia como forma teatral. Heródoto y Tucídides son considerados los pioneros del moderno estudio de la historia en el campo de la búsqueda filosófica, literaria, y científica.​ Polibio fue el primero en introducir en su estudio el concepto de militar.​
La filosofía produjo literatura con los diálogos de Platón, mientras que su discípulo Aristóteles, en su obra Poética, formuló el primer criterio de la crítica literaria. Ambas figuras literarias, en el contexto de las contribuciones de la filosofía griega en las épocas clásica y helenística, dieron nacimiento al concepto de ciencia política, el estudio de la evolución política y la crítica de los sistemas de gobierno.
La expansión del cristianismo por todo el mundo grecorromano en los siglos IV, V y VI, junto a la Helenización del Imperio bizantino que se produjo en el período, llevó a la creación de una forma literaria única, que combinó influencias cristianas, griegas, romanas y orientales.A su vez, esto permitió que se desarrollase la poesía cretense, la saltaría poética en el Oriente griego, y el género histórico, con varios historiadores prominentes como Procopio de Cesarea.
Se considera de manera convencional que la literatura griega moderna apareció a partir de 1453 (año de la caída de Constantinopla), si bien la producción literaria es muy reducida.​ Se pueden señalar algunas obras ilustradas, aunque destacan las canciones populares y las novelas acríticas del Imperio bizantino. La producción aumenta grandemente a partir de la guerra de independencia en 1821, por lo que la literatura griega del período está fuertemente influida por temas revolucionarios.
En el siglo XX, la tradición literaria griega moderna abarca la obra de Constantino Cavafis, considerado una figura clave de la poesía del siglo XX. Giorgos Seferis, cuyas obras y poemas aspiraron a unir la literatura de la antigua y moderna Grecia y Odysseas Elytis ganaron el Premio Nobel de Literatura. Nikos Kazantzakis es también una importante figura, que recibió reconocimiento internacional con obras como La última tentación de Cristo y Cristo de nuevo crucificado.

diumenge, 4 d’agost del 2019

EN VERANO, VIAJAMOS A AMÉRICA CENTRAL






La historia de Centroamérica reúne los eventos ocurridos en el subcontinente desde los primeros asentamientos humanos en el subcontinente. 





Antes de la invasión española (1492)

 

En la época precolombina, las culturas centroamericanas vivían en constantes guerras expansivas, sabotaje y competencia mutua. La mayoría del territorio de Centroamérica era parte de la civilización de origen mesoamericana, cuyas sociedades nativas ocuparon la tierra entre el centro de México en el norte, hasta el noroeste de Costa Rica en el sur y sometían a tributo y explotación a las confederaciones indígenas y tribus de sus confines; mientras la civilización de origen chibcha ocupaba la tierra en el este de El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica en el norte, hasta Panamá en el sur. Las culturas precolombinas de toda la región comerciaron y guerrearon entre sí, y con Sudamérica, creando incipientes plazas comerciales, en esta llamada zona de transición entre dos áreas culturales continentales del norte y el sur.
El registro arqueológico no permite deducir el origen de muchos de los pueblos precolombinos que poblaron Centroamérica. En gran medida, la mayor parte de las culturas documentadas a la llegada de los europeos parecen haberse formando autóctonamente en Centroamérica aunque algunos pueblos de Centroamérica parecen haber migrado desde el norte, en Mesoamérica en tiempos relativamente reciente. La evidencia lingüística muestra que los pipiles (utoazteca) y los chorotegas (otomangue) hablaban lenguas claramente relacionadas con lenguas del norte y, por tanto, su origen debe situarse en Mesamérica. Otros pueblos importantes de Centroamérica como los lencas, los kunas, los payas, los nasos o los bribris parecen tener su origen étnico en la propia Centroamérica. El estudio de las familias lingüísticas puede ayudar a comprender las relaciones de etnogénesis de los antiguos pueblos de Centroamérica. Las principales familias lingüísticas precolombinas de Centroamérica son la mayense (que también tiene presencia fuera de Centroamérica), la xinca, la lenmichí (lenca, misumalpa y chibchense).

 

 

Período de desarrollo virreinal y colonial

 

Desde el siglo XVI hasta principios del siglo XIX, Centroamérica estuvo incorporada en la Capitanía General de Guatemala, algunas veces conocido como Reino de Guatemala, cuya integración y división interna varió repetidamente. Oficialmente, la Capitanía era parte del Virreinato de Nueva España, y por lo tanto, bajo el control del virrey español en Ciudad de México. Sin embargo, este no fue administrado por el virrey sino por un Capitán General independiente, el cual primero tenía sus instalaciones en Antigua Guatemala y después en Ciudad de Guatemala.
Durante este período la región experimentó grandes cambios demográficos, sociales, económicos y lingüísticos. Aparecieron ciudades importantes fundadas por los europeos y llegaron importantes contingentes de origen europeo (colonizadores), así como contingentes africanos (esclavizados) que se sumaron a las poblaciones autóctonas. El español se convirtió en la lengua principal de la región.

 

 

Cortes de Cádiz

 

Durante la época de la Constitución de Cádiz (1812-1814 y 1820-1821), el reino de Guatemala desapareció y fue sustituido por dos provincias independientes entre sí, la Provincia de Guatemala y la Provincia de Nicaragua y Costa Rica. En 1821, en vísperas de la independencia, se crearon tres provincias más, Chiapas, El Salvador y Honduras, segregadas de la Provincia de Guatemala.



 

 

Período de las guerras civiles hispanas y destrucción de los virreinatos españoles

 


Acta de Independencia de Centroamérica localizada en las instalaciones de la Asamblea Legislativa de El Salvador.
 
 
En 1821, México proclamó su independencia de España, y posteriormente Chiapas, ambas decisiones fueron imitadas el 15 de septiembre por la Provincia de Guatemala. La fecha es todavía considerada como día de la independencia por todas las naciones de Centroamérica. El Jefe Político Superior de la Provincia de Guatemala, Gabino Gaínza, se mantuvo al frente del gobierno internamente. También las Provincias de El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica proclamaron, en diversas fechas, su independencia absoluta de España.

 

 

Anexión a México

Después de la independencia, surgió la idea de anexarse al Primer Imperio Mexicano de Agustín de Iturbide, decisión que se consultó con los ayuntamientos. Recibidos los votos mayoritarios de los ayuntamientos, el gobierno de Guatemala proclamó la anexión de Centroamérica a México. Esta decisión fue adversada de modo rotundo por El Salvador y tampoco contó con algunas poblaciones de Honduras, Nicaragua y Costa Rica; sin embargo, un ejército mexicano bajo el mando del General Vicente Filisola ocupó la Ciudad de Guatemala y después invadió y ocupó El Salvador, a pesar de que los salvadoreños proclamaron su unión a los Estados Unidos de América
Cuando México llegó a ser una república el año siguiente, se acogió el derecho de que Centroamérica determinara su propio destino En Guatemala se reunió la Asamblea Nacional Constituyente de las Provincias Unidas del Centro de América, que el 1 de julio de 1823, declaró la independencia absoluta de España, de México, y de cualquier otra nación extranjera y estableció un sistema de gobierno republicano. Un censo de población realizado en 1824, reflejo que Centro América contaba con 1,287,491 habitantes.

 

 

Provincias Unidas del Centro de América

Provincias Unidas de Centroamérica.
 
 
El 1 de julio de 1823, se reunió en Guatemala el congreso, bajo la presidencia del presbítero José Matías Delgado, y declaró que las provincias ahí representadas eran independientes de España, de México y de toda otra nación. El nuevo país tomó el nombre de Provincias Unidas del Centro de América. Al día siguiente, 2 de julio, los diputados se declararon constituidos en Asamblea Nacional Constituyente y proclamaron que en ella residía la soberanía nacional, y pusieron en vigencia temporalmente la Constitución de Cádiz.
La Asamblea Nacional Constituyente decretó una bandera y un escudo para el nuevo Estado, y nombró una junta de gobierno provisional de tres miembros (Primer Triunvirato de Centroamérica). En octubre de 1823 fue reemplazada por otro (Segundo Triunvirato de Centroamérica), que gobernó hasta 1825.

 

 

República Federal de Centro América

 

La naciente unión centroamericana, oficialmente denominada República Federal de Centroamérica, comprendía los Estados de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. Los liberales centroamericanos tenían grandes esperanzas en la República Federal, la cual ellos creían que iba a evolucionar en una moderna y democrática nación, enriquecida por el comercio a través de la zona, entre los Océanos Atlántico y Pacífico, a la vez que iban a librarse por fin del yugo a que los tenían sometidos los conservadores de Guatemala. ​ Las aspiraciones liberales eran reflejadas en los emblemas de la república federal: La bandera mostraba una banda blanca entre dos bandas azules, representando la tierra entre los dos océanos mientras que el escudo mostraba cinco montañas, una para cada estado, entre dos océanos, sobre un gorro frigio, el emblema de la Revolución francesa que simbolizaba el pensamiento positivista anticlerical que se imponía entre los liberales.​
La República Federal de Centroamérica surgió de una Asamblea Constituyente de las Provincias Unidas del Centro de América a través de una Constitución, el 22 de noviembre de 1824. Su capital inicialmente fue la Ciudad de Guatemala, hasta 1834; después Sonsonate, por un breve período, y por último San Salvador, de 1834 a 1839.
La federación estaba formada por cinco Estados: Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. En 1838 se formó un sexto Estado, Los Altos, con capital en la ciudad de Quetzaltenango, con los territorios del occidente de Guatemala, y parte del actual Soconusco de Chiapas (México). Limitaba al sur con el Océano Pacífico, al este con el Mar Caribe, al Sureste con Panamá (provincia de Colombia entonces), y al Noroeste con México. El territorio de la federación también incluía Belice.
Entre los años de 1838 y 1840, la federación entró en un período de guerra civil. El primer Estado en separarse definitivamente fue Nicaragua, en abril de 1838; en octubre esta decisión fue imitada por Honduras, y en noviembre por Costa Rica. Guatemala se separó en 1839 y, bajo el gobierno de Rafael Carrera, forzadamente absorbió al Estado de Los Altos. A finales de 1839, la federación había dejado de existir; sin embargo, durante el siglo XIX hubo numerosos intentos para restablecerla, manifestados en las conferencias unionistas centroamericanas.
Los liberales centroamericanos tenían grandes esperanzas en la creación de una república federal, que posteriormente evolucionaría hacia un Estado moderno y democrático entre los Océanos Pacífico y Atlántico. Estas aspiraciones se verían reflejadas en los emblemas de la República Federal: su bandera muestra una banda blanca entre dos azules, derivada de la bandera de las Provincias Unidas del Río de la Plata (que a su vez derivaba de la bandera del rey español Fernando VII), representando la tierra entre los dos océanos. El escudo de armas muestra cinco volcanes (uno por cada estado), iluminadas por un sombrero de la libertad o gorro frigio (influencia francesa). La bandera fue introducida en la región por el Comandande Naval Louis-Michel Aury cuando estableció la primera república independiente en la isla de Providencia en el año 1818.
Sin embargo, en la práctica, la federación afrontaba grandes problemas:
  • En oposición al proyecto federal se encontraban los conservadores, los representantes de la Iglesia Católica y los grandes latifundistas.
  • El transporte y las comunicaciones entre los Estados miembros eran extremadamente deficientes.
  • La población, en general, desconocía el beneficio de una integración regional.
  • El poder de la capital federal (Ciudad de Guatemala, después San Salvador) era casi inexistente fuera de sus límites.
  • La falta de fondos para su desarrollo y la intervención de naciones extranjeras (por ejemplo, Gran Bretaña, Estados Unidos y México).

 

 

 

Guerra Civil Centroamericana

Debido a que los conservadores no querían ceder los privilegios a los que estaban acostumbrados desde la época colonial, muy pronto estallaron una serie de disensiones y guerras civiles, que culminaron con el derrocamiento en 1829 del gobierno constitucional cuyo Presidente titular era el salvadoreño Manuel José Arce y Fagoaga, elegido en 1825, y que ejercía desde 1828 el Vicepresidente Mariano Beltranena y Llano, guatemalteco. Ese año también fue derrocado el gobierno conservador de Guatemala dirigido por Mariano de Aycinena y Piñol por una invasión dirigida por el general hondureño Francisco Morazán quien confiscó todos los bienes a 
los miembros del Clan Aycinena, y los expulsó del territorio centroamericano junto con los miembros del clero regular.​ Interinamente se hizo cargo del gobierno el liberal guatemalteco José Francisco Barrundia y Cepeda y en 1830 fue elegido como Presidente el general hondureño Francisco Morazán, quien posteriormente fue elegido otra vez para el período 1835-1839. Morazán empezó a hacer negocios con los ingleses que tenían un puesto comercial en Belice y lo mismo hizo el gobernador del Estado de Guatemala, Mariano Gálvez lo que junto con el intento de aplicar leyes novedosas en el país -como el divorcio y el uso de jurados- causó resentimiento entre los pobladores guatemaltecos, quienes mirabana los ingleses y a los liberales como herejes.​ Los miembros del clero secular no habían sido expulsados de Centroamérica, pero habían quedado debilitados por la eliminación del diezmo obligatorio; aun así, debido a la educación fuertemente católica que había habido en Guatemala, les fue fácil convencer a los indígenas y mestizos de las intenciones heréticas de los liberales, y esto creó el ambiente propicio para que los conservadores retornaran al país.
En la segunda administración de Morazán resurgió la guerra civil: en 1837 el gobierno de Mariano Gálvez fue acusado de envenenar los ríos con cólera morbus y eso, aunado a las acusaciones de herejía, provocó una rebelión campesina de la que surgió el caudillo Rafael Carrera y Turcios. Ante la debilidad y falta de transparencia mostrada por el gobierno de Morazán, Nicaragua se separó de la República el 30 de abril de 1838, y el Congreso federal aceptó que se constituyera un nuevo Estado, Los Altos, cuya capital era Quetzaltenango, con las tierras occidentales de Guatemala. Honduras se separó de la unión el 6 de octubre y el 14 de noviembre Costa Rica la imitó. Guatemala se separó el 17 de abril de 1839 y a principios de 1840 las tropas del capitán general Rafael Carrera y Turcios reincorporaron Los Altos.

 

Segunda mitad del siglo XIX

 

Centroamérica, 1892.
 
 
Varios intentos fueron hechos para reunir las naciones centroamericanas durante el siglo xix, especialmente mediante las conferencias unionistas centroamericanas, pero ninguno tuvo éxito. El primero sucedió en 1842, cuando el expresidente Francisco Morazán, que se había apoderado del poder en Costa Rica, quiso restablecer la unión por la fuerza, pero su intento terminó con su caída y ejecución. Pocos meses antes, se había firmado en Chinandega un pacto de unión para establecer una Confederación de Centroamérica e incluía a El Salvador, Honduras y Nicaragua. Costa Rica se adhirió condicionalmente; sin embargo, este intento duró muy poco, hasta 1844. Un segundo intento se llevó a cabo de 1849 a 1852 entre El Salvador, Honduras y Nicaragua.
En 1885 se produjo la llamada intentona de Barrios. El presidente de Guatemala, Justo Rufino Barrios intentó unir la nación por las armas, pero murió en el intento combatiendo contra las fuerzas salvadoreñas. Un tercer intento de Honduras, Nicaragua, y El Salvador fue cuando intentaron crear la República Mayor de Centroamérica (después Estados Unidos de Centroamérica) la cual duró entre 1896 y 1898. El último se produjo en una conferencia celebrada en San José, Costa Rica, en 1920, en el cual Costa Rica, El Salvador, Guatemala y Honduras firmaron un pacto de unión.

 

 

 Guerra contra los filibusteros

 

Durante todo este siglo se fue conformando las estructuras político administrativas distintivos de cada uno de lo que hoy son los Estados de la antigua federación, así se conformaron a partir de una economía ligada a la explotación del sector agro extractivo ​ con lo cual se dan las bases para la evolución y estructuración de los diversos grupos humanos desde los pre existentes y con la llegada de nuevos grupos humanos como los grupos garífunas o levantinos a finales del siglo XIX.


 

Siglo XX 


En 1907 fue creada la Corte de Justicia Centroamericana o Corte de Cartago, pero en 1917 Nicaragua se retiró de este tribunal y en 1918 caducó su convenio constitutivo. En 1960, con la esperanza de que una unificación política pudiese ser el siguiente paso, Guatemala, El Salvador, Honduras, y Nicaragua establecieron el Mercado Común Centroamericano, al que se unió poco después también Costa Rica.
En 1920, en Guatemala el Partido Unionista tuvo un papel protagónico en el derrocamiento del presidente Manuel Estrada Cabrera, abogado que ya tenía veintidós años en el poder y había otorgado fuertes concesiones a las empresas norteamericanas, especialmente la United Fruit Company. Lo irónico de ese movimiento fue que estuvo formado por líderes conservadores que abrazaron la causa unionista para derrocar al gobierno liberal.
Este fue aprobado por El Salvador, Guatemala y Honduras, que en 1921 constituyeron la República Federal de Centroamérica, pero en enero de 1922 Guatemala se separó y los otros dos Estados decidieron reasumir también su soberanía.
Actualmente, desde 1991, el Parlamento Centroamericano ha estado operando, también conocido como PARLACEN (parlamento centroamericano) es una institución política consagrada a la integración de los países de Centroamérica, aunque no ha dado ningún paso sustancial dirigido a la restauración de la unión política. Tiene su sede en la Ciudad de Guatemala y lo integran Diputados de El Salvador, Guatemala, Honduras, y Nicaragua. Costa Rica no ha aprobado el convenio constitutivo del Parlamento, ni el de la Corte Centroamericana de Justicia constituida en el decenio de 1990, de la que tampoco es parte Guatemala. República Dominicana y México como observadores regionales.
En 1903 tras la Separación de Panamá de Colombia, la nueva República de Panamá quedó geopolíticamente inserta en territorio centroamericano. Esta república pese a estar vinculada histórica y culturalmente con América del Sur y el Caribe, es partidaria de la integración centroamericana y en 1993 se suscribió al PARLACEN, tomando participación activa en sus acuerdos y fortaleciendo sus vínculos comerciales con los países de la región, aunque en el 2009 Panamá inició su proceso de separación del SICA.
En la historia reciente uno de los personajes que más ha luchado por la integración es el Presidente de Guatemala Vinicio Cerezo, quien durante su mandato (1986-1991) promovió a través de los Acuerdos de Esquipulas, no solo la búsqueda de la Paz Firme y Duradera en la región sino también un esfuerzo por la integración de las decisiones políticas en Centroamérica. Los Acuerdos de Esquipulas promovieron también la creación del Sistema de la Integración Centroamericana y posteriormente el Parlamento Centroamericano, en la búsqueda de una institucionalidad regional capaz de respaldar los procesos regionales.

 

 

Siglo XXI

 

En pleno inicio del siglo XXI, en un escenario subregional de posguerra, Centroamérica se ha transformado. Durante un periodo aproximado a casi treinta años, se han manifestado en el istmo procesos conflictivos que, siendo propios de la reestructuración económica y geopolítica global del nuevo siglo, han coincidido con una etapa de maduración del sistema capitalista a escala subregional. En tal sentido, la dinámica más importante de ese subglobalismo lo constituye una transformación de viejas formaciones sociales agrarias, sometidas bajo modelos políticos autoritarios, en proceso de constituirse en sociedades cada vez más absorbidas en su dinámica económica por la transnacionalización, fenómeno también asociado a otras esferas de cambio de la vida social, la política y de la actividad cultural. 
En un escenario de cambios profundos, detonadores en la creación de los nuevos regímenes democráticos que han demostrado su débil conformación institucional y que tienden a los arreglos oligárquicos, se genera un nuevo tipo de dependencia con los Estados Unidos, donde el fin ya no es tener un control imperante sobre los gobiernos centroamericanos sino influenciar en la apertura de las economías y en el agravamiento de la dependencia al nuevo orden comercial de carácter global, este cambio en la concepción de los Estados Unidos hacia Centroamérica a nivel geopolítico ha traído consigo el aumento de las desigualdades socio-económicas y la simulación de un sistema democrático representativo que no ha hecho más que perpetuar el orden político-económico de las mismas elites
No se produce desde Centroamérica una interdependencia completamente autónoma con su contexto global, sino que esta es condicionada por el regionalismo derivado de la recomposición de la hegemonía de Estados Unidos en América Latina. Las presiones de ese regionalismo global han obligado a las sociedades centroamericanas a enfrentar una serie de ajustes y desafíos, con asimetrías hacia afuera y enormes desigualdades hacia adentro, incrementando los riesgos y desventajas frente a los nuevos procesos transnacionales, y atenuando fuertemente las oportunidades que estos puedan suministrar…Fue crucial la recomposición experimentada por las oligarquías y sus aliados locales, bajo nuevas expresiones dentro del empresariado, los partidos políticos e inclusive la sociedad civil.
La reconfiguración del orden económico-político fue meramente superficial al haber cambios insignificantes en la estructura social de las naciones centroamericanas, La institucionalización no sólo nunca llegó, sino que tampoco se quiso que llegara; el juego esperanzador de las posibilidades en la acción desde los sujetos de la democracia –partidos, regímenes políticos, ciudadanos– también llega a su fin ante el imponente poder del dinero y sus formas escandalosas de colonizar la política​; al inicio del siglo XXI surgió una nueva elite beneficiada por las políticas de liberalización económica y la apertura de los mercados, lo que ocurrió fue una integración de las nuevas elites y las tradicionales, un arreglo de cúpulas inclusivo que benefició al mantenimiento y profundización de un modelo económico de corte neoliberal que ha perpetuado los niveles de pobreza de la región y ha contribuido al surgimiento de conflictos sociales a falta de representatividad y la limitada oferta política de los regímenes centroamericanos.